Trazando mapas

Piedra 1

El hombre de hueso libre cual hojas de otoño al viento es. Se mueve y disfruta, a donde fija su vista encamina sus pies y conoce, descubre, se sorprende ante los rincones a los que logra llegar, no hay un limite que le impida saciar su curiosidad. Tal vez nadie le recuerde, pero sus huellas están por doquier, cubren la tierra de su infinito caminar.

El hombre de piedra su rostro conocido y admirado es, a la distancia le reconocen y su rostro se ha convertido en un símbolo inquebrantable e irreemplazable de una ciudad que no conoce. Sus manos se extienden como anhelantes más sus dedos no alcanzan el cálido fulgor que inunda la ciudad frente a él. ¿Qué miran sus ojos? ¿Qué historias le cuentan sus pupilas? La ciudad que empezó como una industria ahora ha crecido más allá de lo que sus brazos alcanzan a extenderse, se transforma frente a sus ojos y él no logra comprender que a pesar de verlo todo, no conoce nada.

Todo cuanto observa es ajeno para el hombre de piedra, tan ajeno como sentarse a observar por horas un mapa y pretender que con ello ha visitado el sitio y le conoce. La teoría y la práctica. Una diferencia abismal.

La totalidad es sólo una suma de elementos vibrantes, fragmentos cambiantes y sutiles, moléculas reunidas para dar vida.

Pero esa vida no lo alcanza, no satisface sus preguntas, sólo se reflejan ante él para alimentar las especulaciones de una mente imaginativa que sueña y recrea una y otra vez como en un tablero de ajedrez lleno de infinitas posibilidades, historias, encuentros, se imagina como sera la gente y adivina cómo sonaran sus voces, les propone conversaciones sobre una vida que imagina de acuerdo al reflejo con que se presenta la ciudad ante él. Como ese primer encuentro ante un desconocido, se nos presenta el individuo y uno imagina por su vestimenta, su postura, sus gestos, la clase de persona que será, adivina sus gustos y sus ocupaciones y así con esa carta de presentación uno escoge las palabras adecuadas para soltar las primeras palabras ante el sujeto, y aún así eso no basta para descifrar la infinita profundidad y complejidad del ser que tienes frente a ti. Nada certero se puede deducir de sus pasiones, de sus miedos, de su origen, o conocer sus cicatrices.

Así la ciudad, se ofrecía ante el hombre de piedra con una sola carta de presentación la cual cambiaba demasiado lenta y progresivamente como para que él fuera capaz de descubrir sus misterios. Más un secreto guardaba aquel pétreo varón que nadie más podría adivinar, la ciudad una belleza poseía, como cualquier otro lugar del mundo, pero esta se escondía, y sólo un hombre sabio o con los años abundantes como la vida de las tortugas podría descubrir. La ciudad no era hermosa, su belleza era su historia.

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s