De sombras y otros misterios

El arte, precioso invento del hombre para expresar las manifestaciones del alma. Ya sea por medio de poesía, melodías, un dibujo, una pintura, la danza, el teatro o el omnipotente cine, los humanos vamos tejiendo redes de complicidades que van  más allá de nuestros cuerpos, más allá incluso del mismo tiempo. De las tragicomedias de Shakespeare, al grito de Van Gogh, hasta llegar a Beautiful de Iñarritu, piezas diversas que atraviesan siglos para conmover a quien le aprecie, obras contemporáneas que te invitan a encontrar el lado mas humano, el núcleo del alma reflejado en cada pequeña parte de una obra de arte.

¿Ustedes saben qué es lo más cautivador del arte? Las múltiples lecturas que encuentra cada persona de una misma pieza. El autor dispone la materia prima conforme a su propia inspiración, le da forma y vida de acuerdo a los sentimientos que le van guiando en el momento de la creación, pero todos veremos diferentes caras de esa misma obra, versiones más felices, versiones con más fuerza que hacen sacudir los rincones más profundos de nuestro ser, versiones menos bellas, versiones con más historia, y así diciendo.

En un cuarto oscuro y  pequeño, insignificante incluso si se le compara con la magnificencia que compone este basto mundo, adaptado a modo de teatro se presentaba un monologo y a pesar del limitado cupo que ofrecía el lugar a los espectadores no había una sola butaca vacía. Te daré, querido lector, la descripción más detallada que mi memoria me permita recrear para que obtengas un mejor retrato del momento en el que deseo te sitúes. En el tercer piso de un edificio se encuentra un cuarto no más grande que una sala de cine promedio, las butacas rodean el escenario por en frente y por un costado, y la primera hilera de butacas esta prácticamente pegada al pie del escenario, por esta ocasión integraron algunas sillas en el otro costado del escenario, por lo que no importa en que sitio te encuentres sentado, de igual forma tendrás la impresión de tener al actor a pocos centímetros de ti. El cuarto está oscuro y únicamente una lampara que el actor va moviendo según transcurre su monologo ilumina el escenario y en lo que viene siendo el extremo que queda de paralelo al lado frontal del escenario está una banca blanca en la que un hombre con una barba tupida y de aspecto sereno sostiene entre sus manos el folleto que incluye la sinopsis de la obra señal de que es un espectador y no un actor, se encuentra sentado junto a una señora de no muchos años la cual de momentos parece sorprendida y en ocasiones ligeramente incomoda por el sitio en el que le fue tocando apreciar la obra, a un lado de ella en algunos momentos el actor llega a sentarse y la mira mientras pronuncia algunos de sus diálogos  mientras ella le contempla con cierto nerviosismo en la mirada, finalmente, al otro extremo de la banca se encuentra un joven con una guitarra y de aspecto tan desaliñado y de pies descalzos como el del actor, por lo que era fácil deducir que él si formaba parte del elenco.

El monologo está inspirado en el libro de Carlos Liscano “El furgón de los locos”. Mientras el actor reflexiona sobre la libertad, la tortura y otras cuestiones a las que se enfrenta un preso durante su experiencia en la cárcel, hay momentos en los que realmente sientes la desesperación junto con él y te dan ganas de gritar, de liberar y expiar junto a él todas esas sombras de culpas y frustraciones, de enroscarse junto a él en el piso y llorar como un niño desamparado la pérdida de sus padres, ese adiós jamás pronunciado.

Pero paralelo a la historia que se va desenvolviendo frente a los ojos del espectador, hay otra que se va contando silenciosamente. El actor ha puesto la lampara en el piso de frente a la banca blanca que reposa junto a la pared y entonces se descubre esa historia externa, se dibujan sobre la pared las sombras de aquellos que están sentados sobre la banca que finge ser el furgón llevará a la libertad al preso que nos cuenta sus penas y mientras éste desesperado se ha puesto de pie y nos habla sobre una libertad lejana que hace parecer a su persona pequeña e inútil se ha reflejado su sombra en la pared como un gigante, su cabeza toca el techo y sus brazos parecen llenos de fuerza, como si no existiera obstáculo alguno para él. Resulta chocante la imagen, porque mientras uno parece un pájaro frágil en cautiverio su sombra denota poder y autosuficiencia, tanto así que es difícil prestar atención a lo que habla porque su sombra nos cuenta todo lo contrario.

Esa sensación va desvaneciéndose a medida que va alejando su cuerpo de la lampara para tomar nuevamente asiento en la banca blanca pues su sombra va empequeñeciéndose y perdiendo ese aspecto de espectro avasallador y se vuelve una silueta más en la pared junto a las otras que ocupan la banca. Después descubres un nuevo cuadro igualmente inspirador y lleno de contrastes. El hombre de barba mira fijamente al piso pero se distingue que su oído esta presto a lo que el preso va narrando, la mujer observa un punto en el aire frente a ella cohibida por la cercanía del narrador y conmovida a su vez por sus palabras, el preso revela en su rostro desesperanza, y el joven guitarrista observa la nada con sus pensamientos como volando lejanos. Ahora sus siluetas. Negras y vacías de expresión. La que corresponde al hombre de barba por alguna razón me da la impresión de que esta dándonos la espalda y su mirada viendo un horizonte similar al de un océano en el ocaso, la silueta de la mujer no parece cohibida, esta solo ahí como dándonos también la espalda y como esperando algo, la silueta del preso no refleja su desesperanza, ni desesperación, ni angustia, tampoco paz, solo está ahí fija y vacía al igual que la del guitarrista.

Era como ver dos historias distintas corriendo a la par y ambas exigían a los ojos ser admiradas, corrían al mismo tiempo más no se cruzaban y ambos escenarios sugerían emociones y despertaban un espacio diferente de la mente, del alma o del cuerpo. Así es el arte, se presenta de una forma ante nuestros ojos pero esconde otra versión detrás para los curiosos, para los que se quedan con ganas de más, para los que liberan el alma del cuerpo de nuestros limitados ojos y se permiten descubrir nuevos cuadros y dimensiones de una misma realidad.

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